P. Pablo Abreu sdb
[Atención a todas las unidades: Llamado de emergencia del sistema 911, sociedad moribunda con aparente dificultad para transmitir valores, necesitamos asistencia de inmediato en el área].
Con algo similar inicia el fenómeno del reggaetón boricua, Daddy Yankee, su éxito titulado “Llamado de Emergencia”. Nosotros queremos hacer otro llamado de emergencia, y tú querido lector eres una de las unidades de las cuales estamos solicitando ayuda urgente. Tu ayuda sólo la podrás brindar tú, y para poder hacer frente a este combate precisamos del trabajo de todos.
Da pie a nuestra reflexión la dificultad cada vez mayor para transmitir los valores básicos de toda sana convivencia y un recto comportamiento a través de la Educación. Desde el inicio de su pontificado el Santo Padre, Benedicto XVI, al referirse al tema de la educación muestra su afirma: “Educar parece ser cada día más difícil. Lo saben todos aquellos que tienen directa responsabilidad educativa. Se habla por eso de “emergencia educativa”, conformada de los fracasos a los cuales frecuentemente van al encuentro nuestros esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los otros y dar sentido a la propia vida”.
El conflicto radica en la dificultad cada vez mayor para transmitir los valores básicos de la existencia y de un recto comportamiento.
Hoy, más que en el pasado, la educación y la formación de la persona sufren la influencia de los mensajes y del clima generalizado que transmiten los grandes medios de comunicación y que se inspiran en una mentalidad y cultura caracterizadas por el relativismo, el consumismo y una falsa y destructora exaltación del cuerpo y de la sexualidad. Por eso, precisamente no podemos desinteresarnos de la orientación conjunta de la sociedad, de las tendencias que la impulsan y de las influencias positivas o negativas que ejerce en la formación de las nuevas generaciones.
Toda la comunidad, en sus múltiples articulaciones y componentes, está llamada a cumplir la gran tarea de llevar a las nuevas generaciones por caminos correctos; por tanto, en este ámbito debe expresarse y manifestarse con particular evidencia la comunión entre nosotros, nuestra disponibilidad y voluntad de trabajar juntos, de colaborar todos con espíritu abierto y sincero.
Son muchas las familias que no están preparadas para cumplir esa tarea; los mismos centros educativos carecen de las herramientas básicas necesarias para cumplir su misión. El resultado de todas esas limitantes lo tenemos cuando nos encontramos con progresistas que se oponen a la defensa de la vida, servidores públicos que se sirven públicamente, tráfico de sustancias prohibidas en cantidades industriales sin reparo alguno, compra y venta de conciencias, y todos los otros males que actualmente nos afectan.
Es necesario que todos abramos los ojos ante las debilidades más profundas de nuestra cultura y ante los riesgos que comportan tales carencias. Hoy en día, cuando el aislamiento y la soledad son una condición generalizada, a la que en realidad no ponen remedio el ruido y el conformismo de grupo, resulta decisivo el acompañamiento personal, que da a quien crece la certeza de ser amado, comprendido y acogido. Por ello, la educación necesita la cercanía propia del amor.
Debemos luchar sin desfallecer para lograr una educación verdadera, que suscite la valentía de las decisiones definitivas, que son indispensables para crecer y alcanzar algo grande en la vida, especialmente para que madure el amor en toda su belleza.
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